¿Cómo puede este libro acompañar el inicio del jardín?
Reflexiones para acompañar el proceso.
1 La propuesta que les acercamos en este libro aborda el proceso de inicio del jardín de infantes como un tiempo que comienza en la mente de las madres, padres y adultos cuidadores al elegir ese nuevo espacio que compartirá su hijo/a, incluyendo el tiempo de preparación para asistir a este nuevo lugar, y el tránsito por diferentes vivencias y situaciones con los otros, consigo mismo y con la realidad durante el primer año escolar.
2En un primer tiempo, necesitamos comprender que los niños y niñas no saben de antemano qué es un jardín de infantes. Quienes lo saben es porque han tenido alguna experiencia de acercamiento previa, por ejemplo, con sus hermanos mayores. Para nosotros los adultos es algo que podemos comprender y que, si pensamos en el Jardín de infantes, vamos a poder evocar imágenes y recuerdos en relación con este lugar. Los niños y niñas que no han tenido un primer acercamiento no pueden aun representarlo en su mente. Este es el primer paso. Pensemos por ejemplo cuando nos dan a probar una comida nueva que no conocemos, nuestra primera reacción es de extrañeza y de intentar asemejarla a una experiencia anterior conocida por asociación con otro alimento; y en la medida que vamos conociéndola, comenzamos a construir en nuestra mente imágenes, sensaciones y recuerdos de esa comida. Comprender esto va a permitir poder empatizar con esta sensación de desconocimiento e incertidumbre que pueden sentir los niños y niñas para poder ir acompañándolos y explicándoles el paso a paso de este proceso.
3Para acompañar esa sensación de desconocimiento e incertidumbre inicial, es importante reflexionar sobre qué les decimos a los niños y niñas, qué vamos a contarles y cómo. También es importante tener un primer acercamiento exploratorio con el jardín para que el encuentro sea paulatino y vaya dándose en un marco que permita comprender y anticipar en lo posible lo que allí sucederá. Es importante saber que la ansiedad principal que se pone en juego en esta etapa es la ansiedad de separación, que se intensifica en la medida que los niños se enfrentan a situaciones nuevas y desconocidas. Por lo tanto, poder iniciar esta experiencia conociendo previamente el jardín de infantes y a sus referentes, permite armar un andamiaje antes del comienzo del primer día en el jardín y también le permite a los padres y madres la posibilidad de contrastar las expectativas que tienen con la realidad.
4Es fundamental que el adulto valide la experiencia emocional que está viviendo el niño y también que valide la suya propia. Son esperables diferentes reacciones emocionales iniciales. Poder conectar con los diferentes sentimientos que se experimentan en cada uno de los momentos de este proceso, permite buscar la mejor forma de tramitar dichas emociones y la posibilidad de pensar cuál es el mejor modo de transitar cada situación. Es importante además considerar que la integración de esta nueva experiencia en la vida de los niños, niñas y sus familias requiere de tiempo.
5Es importante que la escuela brinde una respuesta paciente y comprensiva a los procesos que vivencian tanto el niño/a como su familia. Mantener una comunicación fluida permitirá construir herramientas adaptadas al proceso de cada niño y niña; y a cada circunstancia, ya que los procesos de adaptación son variables y no son continuos en el tiempo. Algunos niños/as pueden presentar durante el año escolar momentos de mayor ansiedad y dificultad para sostener los procesos escolares.
6Es necesario hablar acerca de lo que les pasa a las madres, padres y adultos cuidadores en la elección del jardín. Ellos deben también construir un vínculo de confianza con el lugar y sus referentes; y también van a enfrentarse con diferentes emociones, vivenciar ambivalencia (sentimientos encontrados) y ansiedad de separación. Se van a encontrar además con un espacio que los confrontará con sus hábitos y estilos de crianza.
7Por su parte, este nuevo espacio implica para los niños y niñas encontrarse en un grupo con pares donde deben aprender a “ser un/a niño/a más”, rompiendo esa ilusión de “exclusividad”. Un lugar que trae una serie de hábitos y reglas quizás diferentes a las de su hogar, y que propicia la desafiante tarea de aprender a esperar y encontrarse con compañeros/as con diferentes personalidades y diversos estilos de habitar el mundo. Es un proceso muy enriquecedor a nivel subjetivo, pero también conlleva un gran desafío interno que implica diversas renuncias narcisistas.
8Para los niños/as muy pequeños/as, generalmente antes de los tres años, es difícil representar en su mente la ausencia de sus figuras afectivas significativas: muchos se sienten desprotegidos cuando no pueden constatar su presencia física. Poder construir propuestas frente a la despedida como momento álgido de la separación posibilita que construyan herramientas frente a esta situación. En este libro proponemos un juego de intercambio de besos como un modo de nombrar lo que genera la separación y a su vez, poder implementar una posible solución a la aparición de esos sentimientos. Es también una propuesta lúdica cuya finalidad es que sirva como un recurso frente a la ansiedad de separación y también frente a la imposibilidad que muchas veces se presenta de poder llevar al jardín el objeto transicional (de apego).
9La experiencia en relación con el jardín comienza desde que estamos preparándonos para llegar a él y se extiende también al regreso. La experiencia del jardín abarca toda la preparación y las conversaciones y actividades que realizamos en los trayectos de ida y regreso.
10Consideramos que el proceso de adaptación al jardín concluye cuando cada niño/a ha logrado en su interior integrar esta experiencia novedosa en su vida cotidiana, brindándole experiencias placenteras y de disfrute a nivel físico, intelectual, emocional y social; donde también ha podido construir vínculos significativos tanto con sus pares como con sus maestras/os y demás adultos cuidadores.
ANA JARAMILLO
Me formé cómo psicóloga infantil y psicoanalista. Soy colombiana pero vivo en Argentina desde el año 2004. Mamá de dos niños. Desde niña amo los libros y las historias. En 2020 fundé Libros que te Encuentran, un espacio que vincula la psicología infantil con la literatura, a través del acompañamiento de niños, niñas y sus familias en sus procesos de desarrollo y en diversas situaciones de la crianza a través de los libros y las experiencias de lectura compartidas. Creo que estas experiencias son bases que se transforman en pilares fundamentales y en recuerdos que cuentan nuestra propia historia.
BETANIA ZACARIAS
Betania Zacarias, ilustradora de “Mi primer año en el jardín” es argentina pero vive y trabaja en Barcelona, con su pareja y dos niños curiosos e imaginativos, que son su fuente infinita de inspiración.
Su bellísimo trabajo, lleno de colores y texturas, fue publicado en libros y productos para niños en países como Emiratos Árabes Unidos, México, España, Inglaterra y Turquía. Su obra ha sido seleccionada entre otros organismos en la Feria Internacional del libro infantil de Bolonia (Italia), en la cuarta edición de los CJ Picture Book Awards (Corea), y en el III y IV Catálogo Iberoamericano de ilustración (México) entre otros. Actualmente trabaja como ilustradora y docente, impartiendo sus propios talleres.
EDITORIAL PUPEK
Es una editorial independiente, comprometida con las infancias, la inclusión y la promoción de la lectura. Creen en la importancia de los libros como mediadores del lenguaje, las emociones y el aprendizaje desde los primeros años y para toda la vida. Sus libros buscan potenciar los intereses y características de cada niña y niño en sus infancias. En Pupek podrán encontrar libros de poesía, narrativa, libros canción y otras maravillas para compartir y disfrutar.
El Libro “Mi primer año en el Jardín” inaugura la colección “Puentes“: historias que hablan de nuestras experiencias y vivencias, que nos acompañan a transitar momentos de cambios y transformaciones de la literatura a la vida y de la vida a la literatura.
Sobre el inicio del jardín: Te invitamos a conocer más sobre esta etapa y sobre este proceso.
Cuando un niño o niña ingresa por primera vez al Jardín (sea el jardín maternal o el jardín de infantes) se habla del inicio del proceso de adaptación. ¿Qué podemos considerar al respecto?
Del lat. adaptāre. Adaptar significa según la RAE, “Acomodar, ajustar algo a otra cosa”, “… venirse a diversas circunstancias, condiciones”.
Se le da el nombre de “adaptación” a las primeras semanas en las que los niños y niñas inician el jardín de infantes. En las propuestas actuales se observa que es un proceso que dura alrededor de un mes, en el cual los padres, madres o adultos responsables de los niños y niñas los acompañan en el ingreso y permanecen con ellos/as en la salita (aula escolar) durante los primeros días; y luego van paulatinamente retirándose de allí en la medida que los niños y niñas pueden permanecer sin ellos en el aula, a la par que va extendiéndose el tiempo de permanencia dentro del Jardín de infantes hasta completar la jornada escolar establecida. El tiempo de duración de la adaptación varía según la sala, siendo más extenso en las salas de 1 y 2 años; y paulatinamente menor en salas de 3 y 4 años.
Si bien es cierto que cada niño y cada niña necesita transitar estas primeras semanas de conocimiento del lugar y “adaptarse” a esta nueva propuesta en sus vidas; es importante que ampliemos nuestra mirada y consideremos que este proceso se inicia mucho antes del primer día en que el niño o niña concurre al jardín de infantes; y concluye cuando cada niño o niña ha integrado esta nueva experiencia en su interior y ha construido con su maestra y sus compañeros nuevos vínculos significativos que le brindan seguridad y confianza.
Por otra parte, este proceso de inicio del jardín de infantes involucra no sólo al niño o niña, sino también a sus adultos cuidadores, quienes deben sentir confianza en las nuevas personas que cuidaran de sus hijos/as, construyendo también ellos y ellas su propio vínculo con el nuevo lugar. Los padres y madres también inician un proceso de “adaptación” donde progresivamente van construyendo nuevos lazos de seguridad y confianza y van gradualmente integrando este nuevo espacio externo en su cotidianidad.
Para muchas familias, el jardín de infantes se constituye como ese primer espacio de salida del ámbito familiar y las emociones experimentadas pueden ser diversas: miedo, felicidad, puede haber frustración entre las expectativas puestas en el proceso y los resultados, pueden experimentar angustia y ansiedades por el proceso de separación que se pone en juego, sentimientos encontrados entre la felicidad de ver que los hijos van creciendo y van conociendo nuevos espacios y nuevas experiencias y a la vez añoranza por ese niño/a que va dejando de ser pequeño/a y que ahora también va transitando otros lugares diferentes a la familia de origen y donde se van sumando nuevos cuidadores.
Cabe destacar que cada proceso es único y sus tiempos también lo son, ya que cada quien, niño/a y adulto/a, necesita tiempo para comprender lo nuevo y asimilar la gran cantidad de cambios que se dan en pocos días para luego integrarlos en la propia historia, para “apropiárselos” y concebir esta experiencia como parte de sí.
Para ofrecer a los niños y adultos en este proceso un acompañamiento respetuoso, debemos tomar en cuenta la importancia de brindar la información necesaria que posibilite comprender y construir la representación mental, es decir, la idea que podemos hacernos en nuestra mente acerca de “qué es, qué implica y cómo funciona el jardín de infantes”, pudiendo así anticipar un escenario posible y conocido respecto a aquello que puede llegar a suceder. También, es importante tener empatía con los diversos sentimientos y emociones que pueden experimentar tanto los niños y niñas, como sus padres y adultos cuidadores.
Procesos de esta etapa.
Los niños que inician este proceso, lo hacen en una etapa donde predomina la ansiedad de separación, donde el niño descubre que está separado de su otro primordial, pero es a la vez consciente de cuanto lo necesita, de cuanto depende de sus cuidados para sobrevivir y arreglárselas en la vida cotidiana.
Es una etapa donde predomina el narcisismo infantil (llamado también egocentrismo infantil), donde el mundo externo se concibe como reflejo del mundo interno, donde el tiempo transcurre la mayoritariamente en presente lo cual exige que las necesidades sean cubiertas de manera casi inmediata y donde el sistema de reglas aún no está interiorizado, es decir, no comanda aún desde el interior, sino que requiere del acompañamiento y apoyo constante del adulto cuidador.
Es una etapa también donde muchos niños y niñas continúan usando su objeto transicional. Este valioso objeto sostiene la paradoja de que es al mismo tiempo un objeto externo-objetivo y un objeto interno-subjetivo: para nosotros los adultos es un objeto exterior, por ejemplo, el oso, el chupete, la manta son objetos materiales del mundo externo; pero desde el punto de vista del niño, este objeto es concebido como parte de su mundo interno, en el cuál puede volcar su emocionalidad y darle un uso de acuerdo a lo que va sintiendo y experimentando. En los niños y niñas de esta edad es importante comprender la existencia de este objeto y el uso y significado que le da cada niño/a.
Encontramos también a esta edad, que la diferencia entre realidad y fantasía no está aún delimitada con absoluta claridad, por eso encontramos el animismo como una prueba de ello y lo observamos también en sus dibujos y tipos de juego, donde el mundo interno subjetivo y el mundo externo de la realidad se entremezclan todo el tiempo.
Debido a todos estos procesos, es de suma importancia que podamos pensar la adaptación como un proceso que no es siempre lineal, que tiene progresos y retrocesos que no implican fracaso en el proceso, sino que hacen parte integral del mismo.
Como el proceso de adaptación lo vivencian tanto los niños y niñas como los adultos cuidadores, es de suma importancia poder diferenciar en nosotros como adultos/as las emociones y necesidades que vamos experimentando para poder diferenciarlas de las sentidas por nuestro/a hijo/a y evitar así volcarlas en ellos: ¿es el niño/a quien está ansioso/a?, ¿es el adulto? La decisión de iniciar la escolaridad, ¿es de quién? ¿es del niño/a, es del adulto, es de ambos? ¿Es una necesidad imperante por el trabajo de los padres? ¿Es una necesidad del niño que requiere socializar con pares? ¿Es una necesidad del adulto que necesita recuperar tiempo en el cual pueda descansar por un rato de la función del cuidado?
Poder ser conscientes de estas y otras preguntas, nos permite poder trabajarlas en nuestro interior y buscar la mejor forma posible de satisfacerlas y resolverlas.